Cuando el feminismo desaparezca…

Creo sinceramente que debe desaparecer. Realmente es un concepto construido en el marco de una lucha social encaminada a una sociedad más justa, (no me gusta usar el término “igualitaria”) de manera que el día que el discurso patriarcal se debilite en beneficio de uno edificado sobre conceptos que partan de una visión que no vea en los géneros un asunto de clasificación y encasillamiento sino la permanente oportunidad de complementar y enriquecer nuestros pasos como sociedad a una civilización más lograda, decir “soy feminista” resultará obsoleto, pues ya no habrá lucha necesaria.

Son varios los problemas y debates que suscita el feminismo. En primer lugar, se debe luchar porque la gente deje atrás esa visión caricaturizada de las feministas, que por lo general las reduce a un grupo de lesbianas enojadas con los hombres y promueven la superioridad de la mujer por sobre estos. En segundo lugar, no abusar del término, porque, aunque como ya dije, es necesario en la medida en que es necesario seguir superando los obstáculos propios de la cultura patriarcal, muchas veces tanto insistir en ello lo único que logra es reforzar la idea de la separación y marginación de las mujeres, siempre serán vistas como “las otras” sin posibilidad de entablar un diálogo, mejor seguir actuando y demostrando con nuestro propio estilo de vida, por qué están equivocados, actuar es la mejor forma de lucha y motor de la evolución de las ideas.

Tercero, derivado del segundo problema, refrescar la percepción general sobre la teoría feminista, porque es más que la demanda por un trato “igual” o poder dejarte crecer el vello de las piernas y vestir masculinas, o exigir más puestos en la política. La gente debe saber que el feminismo ha pasado por varias etapas, donde la lucha se ha distinguido por la conquista de determinados objetivos, pero sigue creciendo y volviéndose más complejo. El feminismo actual se ha dado cuenta que las mujeres en todo el mundo son diferentes, pertenecen a credos, culturas, razas diferentes cuyos contextos generan demandas y luchas distintas.

El discurso feminista ha dejado de ser solo portavoz de la mujer blanca de clase media, se ha nutrido al reconocer que ser feminista no significa que todas quieran lo mismo, habrá quienes busquen salarios iguales al de los hombres, habrá otras que quieran acabar con la pobreza en su pais, las habrá que busquen el acceso a la educación y otras más querrán empezar por eliminar horrores arcaicos como la ablación. Hay mucho por hacer todavía, y justamente porque el mundo marcha a ritmos distintos, el feminismo no ve cerca su culminación. Es un avance importante conceder autonomía y diversidad al movimiento, con esa parte resuelta, lo siguiente es mantenerse en la lucha, pero una lucha afianzada en la celebración de la femineidad, no su negación por la masculinización.

Una cultura que sepa conciliar un universo poblado de otredades que no se enfrentan necesariamente sino que se muevan y se complementen al ritmo del son de la diversidad sin jerarquizaciones. Ojalá vayamos hacia allá.